Que la vida no es una película americana joder, que mañana no me levantaré y tendré una madre rubísima y sonriente esperándome en la cocina con los brazos abiertos para que le cuente lo desgraciada que soy. Y no me hará un sándwich con manteca de cacahuete ni me sentiré mejor con cuatro frases sacadas del manual del amigo perfecto (según las películas americanas). No, mañana volveré a levantarme sola en esta habitación cuya única vista es la pared roñosa de un patio de miserias. El lugar perfecto en el que tallarte en las muñecas (en ese punto exacto en el que posar el filo de la cuchilla) aquello de que hay gente peor que tú. Cuando oyes los gritos angustiados de esa mujer sin rostro, el llanto indefinido o el silencio pesado que se te cuelga de las amígdalas, acusador ante tu propio silencio. Tú no estás tan mal, claro que no, pero, ¿es eso algún tipo de consuelo?
En un mundo en el que el único duelo disponible es el de la muerte de tus familiares cercanos, una lágrima a primera hora de la mañana carece completamente de su valor. Porque sólo es una. Es demasiado triste que no admitamos posible un verdadero vacío sin gritos, sangre o muerte.

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Sonando: Poncho K: "Destrucción"

Lo jodido es seguir soñándote


Lo jodido es seguir soñándote. Que las mañanas siempre terminen enmarañándose en tu reloj de pulsera, debidamente adelantado, ahora te estarás levantando, te vestirás rápido huyendo del invierno en las baldosas, ahora te desayunarás las ojeras con tostadas. Lo jodido es que no conocí nunca a nadie que le sentasen tan bien las ojeras. Ni que me hiciese llorar sin lágrimas. Con los ojos atestados de recuerdos, sin levantar acta judicial por todos los accidentes. Lo jodido es que aún me estremece tu tacto, el recuerdo inequívoco de tu lengua gateando por mi espalda y tú gimes bajo otras manos. No, que va, eso no es lo peor, no duele tanto imaginarte desnuda, reflejándote en otros ojos, como saberte rendida a ellos. Como saber que sonríes en otras grietas, que mis brazos no pudieron provocarte una sonrisa perdurable en el tiempo, en cualquier tiempo. Lo jodido es que le quieres a él y no a mí.
Y no me queda ni el consuelo de querer odiarte, de culparte o de arañarte la imagen con las cuchillas afiladas de un rencor que no es tal, que nunca podría ser tal, no me queda el bálsamo de quemar los cuentos que nunca pude llegar a contarte. Porque terminaría por reescribirlos en los tuyos.

Foto: Endika G.G

El texto no es exactamente mío...


Ausencia o ruptura



Alguien dijo por ahí que es mejor tener el corazón roto a no tener corazón… apuesto mis articulaciones a que quien lo dijo tenía el corazón repleto de mariposas de esas que nunca terminan de posarse, apuesto que sonreía por las mañanas, siempre acompañado y que tomaba el café sin azúcar. Así es fácil hablar, arriesgar con una maraña de redes meciéndonos en un vacío inexistente. Dar un paso adelante y mirar a los demás por encima del hombro ocultando que en casa se tiene quien lame los arañazos hechos a punzón oxidado, porque es así es como supuran los corazones rotos, por si el que dijo eso no lo sabía.
Puede que quien habló, no supiese como se estiran las madrugadas, como duelen las canciones, el peso de unos labios que buscas y no encuentras ni ejerciendo de colibrí en mil bocas desconocidas. Porque nunca vuelve de nuevo, porque el amor que nunca vuelve es el que más esperas, porque rebañas el fondo de los vasos y los charcos de todas las noches sin querer darte cuenta de que ya no te quedan réplicas. Y prometes en cada escalón no sentir antes de volver a encontrarte con ellos.
Así pues, estoy segura de quien dijo esta brillante frase no conocía los efectos de un corazón hecho añicos. Y si lo hacía… miente.

¿Dónde están las llaves? Matarile, rile, rile...

Luna en vela


Esta noche a tu ventana tira piedras la luna.
dice que no llores sola,
que ella quiere compañía, que la noche es larga y fría.
Ella en vela pasa las horas...

"En vela" de La Fuga.

Porque si tú no duermes Niña, la luna ilumina menos.
Y si lloras, ¿qué cojones importa que ilumine?

Foto: Sherezade

Diagnósticos erróneos


Dicen que solo es miedo. Y te ríes. Sin creértelo, claro. Has oído demasiadas veces la misma retahíla de estupideces copiadas con mala letra de un manual de psicólogo para principiantes. Siempre es la primera respuesta, el miedo. Sabes de sobra que eres un cobarde, que sólo jugaste a olvidarla mientras volvías a degustar bajo las sábanas el regusto oxidado de su tacto. Que al final de las noches en vela siempre supuraba ella y que en cada trago se pudría el sabor de su boca. Pero jugaste a olvidarla y ha habido momentos desde entonces en los que ya no tendías tu ropa sucia al borde de sus pestañas.
Ahora se te acumula el polvo en el rincón que te perforó (la saliva es corrosiva si se la conserva en formol más tiempo del necesario) a fuerza de no tocar melodías ya pasadas. Y te crees a salvo, seguro, de las noches de pesadilla donde nunca reconocerías llorar para salvarte de algo aún peor. Confías en el camino recorrido, en tu piel, aunque te digas (sin oírlo) que un solo gesto puede devolverte sin red a ella. A ella. A quererla tanto, a levantar el polvo, al abismo eterno de una sola de sus palabras.
Dicen que sólo es miedo. Y te ríes. Y sin que se note, tiemblas.


Foto: Sherezade

Sonando: "Me agarraste" de Quique González

Sanex


Estoy aquí en lo más remoto del mar, a salvo de tu tacto a ratos, al este de tus sonrisas enormes, inmensas, pero insuficientes cuando estás a mi oeste y no dentro. O peor, cuando tú estás dentro, latiéndome, y yo estoy fuera, sin poder tocarte. Estoy aquí, como decía, en lo más remoto del mar, sigo recordándote, porque huelo a sal y no consigo concentrarme lo suficiente como para soñar que llegas a quererme. Ni aunque te invente de puntillas. Ni aunque te sueñe de rodillas.
Da igual entonces que esté en el mar, que tenga tanto verde para camuflar, da igual cuando termino respirando arena y encallando, sabiendo que con mis lágrimas acudirás a salvarme pero no te quedarás. Eres atea y nunca te propusiste resucitar mis pulsos.
Y estoy seguro de que allí, a mi oeste, tu piel sigue oliendo a sana. Sin embargo a mi me envenenas cada vez que (no) te respiro.

“La prefiero compartida, antes que vaciar mi vida”

Foto: Sherezade

S/T


Existen veces en las que creo que todas las partículas de luz se han detenido de golpe. Luego las veo, mecanografiando soplos ficticios en los capilares que rozas, sin profundizar, porque si te dejase hacerlo acabarías por anegar las bodegas y el avión que siempre perdemos se iría a pique. Eso, el amanecer de fuegos artificiales (o fuegos fatuos según el ciclo de tus pupilas), sólo sucede con la triangulación adecuada de planetas: Brillo de ojos y sonrisa sin viento. Tu brillo de ojos y tu sonrisa sin viento. Para cuando quiero darme cuenta, he caído en tus bermudas y no sé sacarme tu espina del tuétano. Ni tu luz de las venas. Otra vez.
Me convierto en luciérnaga sin que lo sepas e intento construirme en piedra, al borde de tus quebrados, para que no encalles ni te rompas. Pero me retuerce los tímpanos el saber que dependo de la irradiación de tus manos mucho más que de la dureza del colchón (aquél en el que no duermes), más allá del roce desconocido de tus muslos (aquellos que no alcanzo). Porque ni he llegado a besarte en los mares de nubes en los que sueles mecerte (y en los que te imagino cada madrugada) pero en la oscuridad de tu vacío (la no presencia de tus labios en mi estómago) me devora el egoísmo de la desesperación vacía y me digo que llegará el día en que me inyectaré tu luz directamente a la femoral. Aunque así deje el mundo a oscuras.
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Foto: Shin
Sonando: El ruido del tráfico a las 5 sin ti

A Natxo, porque a veces necesitamos que nos recuerden estas cosas y a Urko, por recordarme estas cosas cuando lo necesito.

Hoy me ha dicho mi ángel de la guarda que existen agujeros negros come-sueños. Y me lo ha dicho así, como quien no quiere la cosa, como quien pide un cigarro o quien da un beso sin esperar nada a cambio. Como se dicen las cosas más importantes.
Después me ha explicado, escondiéndose en las turbulencias insensatas de los gritos de la calle, que algunas veces nos topamos en las aceras con estos nichos oscuros, van buscando ceños fruncidos, miradas en los zapatos, labios apagados y manos vacías. Si las encuentran, se cobijan bajo las cejas, en los huecos de los párpados, y lanzan con arpones un velo absorbe-luces hasta los salientes de nuestras mejillas. Se nos oscurece el zumo de la mañana, nos flaquean las rodillas y todo se tiñe del púrpura de lo agrio sin razón (aparente) para llorar. Caminamos por la calle mirando sin ver y las horas se transforman en norias que nunca terminan de subir, siempre a ras de suelo, flotando en una charca en la que ni siquiera somos capaces de probar a ver si hacemos pie. Y nos convertimos en vampiros rehuyendo del chispazo del sol, pero eso no es lo peor. Los agujeros negros come-sueños nos incapacitan para creer en nosotros mismos, en nuestras manos, en la fuerza de nuestras palabras y actos. Nos inmovilizan las ilusiones, almacenándolas en el cuarto oscuro de nuestra memoria, donde cubrimos de ogros las ventanas para no mirar más allá. O incluso más acá. Las playas se convierten en desiertos y los Everest aparecen sembrados en cada uno de tus campos de trigo.
Ahora los noto prendiéndome las pestañas y quiero creer que existe una cura. Que no salvaré el mundo pero me dejaré los nudillos en mejorarlo y eso ya vale algo. Vale más que nada. Así que ensayo las sonrisas intentando hacerles caer, precipitando su marcha del rincón en el que devoran las ilusiones. Y parpadeo a conciencia para recobrar la gama cromática digna de todo lo que tengo alrededor. Que es más de lo que soy capaz de ver.
Recupero las cosquillas y la capacidad de sacar la lengua a los ventanales mientras noto el calor que se extiende como los trenes de alta velocidad que llevan a los amantes al andén número 1. A mi lado, mi ángel de la guarda sonríe de lado y da un sorbo a la cerveza. A media voz vuelve a recordarme que en el horizonte se encuentra nuestro límite, nunca antes ni después, allí, junto a la hamaca del sol se incendia nuestra frontera.
Y le creo. Cualquiera le lleva la contraria a su ángel de la guarda…

Pendientes para septiembre


Como medio país estamos de vacaciones...

Este blog ha aguantado el tirón veraniego hasta ahora gracias a Sherezade, que se ha mantenido en el norte del norte estudiando para salvar el mundo y actualizando por los dos mientras yo curraba más allá del sol. Ahora ella se va de (merecidas) vacaciones unos días y yo aprovecharé para recuperar la sana costumbre de escribir en las nubes o en los trajes de baño. Sherezade, desde aquí, disfruta de la vuelta a casa y lo mismo para vosotros. Así pues, metemos los pies al congelador y volveremos en unos quince días con textos y sonrisas de entretiempo. Para preparar de nuevo las pendientes para septiembre.

Os observaremos de reojo.

Foto: Un trocito de Sherezade por cortesía de Shin
Sonando: "El cochecito leré" (estridencias mías)

Que se joda el viento

A quien sino a ti esta canción... Porque al fin y al cabo, tú me descubriste (en todos los sentidos) a Marea, porque al fin y al cabo, contigo los he visto siempre y porque contigo quiero seguir viéndolos. A ver si en el próximo acaban con los trileros ;)
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"QUE SE JODA EL VIENTO"

Ponte el moño apretao, sirena, que se joda el viento,
rompe las horquillas de espuma
y déjame que te remache sonrisas de hierro
de esas que disipan las brumas,
que sé que entre los males
nos lloverán cristales,
yo iré descalzo y tú desnuda
al son del amor
del ronco tambor que toque la luna.

Vamos a trepar a la copa de éste sol de enero,
y a hacer un nido en su ramaje,
y allí reírnos viendo como a cada minutero
se lo devora el oleaje,
y cuando entre mis brazos resuenen cañonazos
yo iré perdido entre tus dunas
dejándolo todo,
quemando los tronos donde reinen dudas...

Y báñate en mis ojos, que se joda el mar
que quiera mecerte a su antojo,
si no somos nadie a nadie va a encontrar,
y si a las heridas quiere echarles sal
solo va a encontrarse cerrojos
y las cicatrices de la soledad.

Coge resina para untarnos poco a poco el cuerpo,
por si vuelve la ventolera,
y mientras tanto, entre los huecos que nos deje el tiempo
deja volar tu cabellera,
que si a nuestra locura vuelven nubes oscuras
nos cogerán frente con frente y codo con codo,
cada vez más solos, rodeados de gente.

Y báñate en mis ojos, que se joda el mar
que quiera mecerte a su antojo,
si no somos nadie a nadie va a encontrar,
y si a las heridas quiere echarles sal
solo va a encontrarse cerrojos
y las cicatrices de la soledad.
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Marea: "Que se joda el viento"

A ti


A ti niña, (Sherezade) porque siempre eres la última en tu lista de prioridades, yo quiero colocarte la primera en mi lista de visitas guiadas.

Porque eres la mejor persona que conozco a pesar de tener tantas razones para ser cruel, severa o vengativa
Porque tus ojos son espejos de luz que verdean de esperanza (aunque tú no la soportes) los temores ajenos
Porque haces los mejores batidos de plátano que he probado a las 6 y media de la mañana
Porque dibujas tolerancia en un mundo que tanto necesita que le escuchen
Porque tú construyes los detalles
Porque siempre tienes las manos frías (y el corazón caliente, tan caliente)
Porque se te agota la seguridad, sin reservar para ti ni una pizca, de darle firmeza a los demás
Porque eres la única persona que derritió el corazón de hielo exponiéndose a las peores ventiscas por ser mejor persona
Porque en ti perdón y olvido se hermanan
Porque eres la persona a la que más veces he visto resbalar (en todos los sentidos) y levantarse a pesar de las heridas y los muros derruidos
Porque ni te das cuenta de lo guapa que eres
Porque creer que otro mundo es posible (y estás dispuesta a dejarte la piel en intentarlo)
Porque no conoces el sabor agrio del rencor
Porque cantas en la ducha
Porque crees que no serías nada sin tus amigos sin darte cuenta de que nosotros no seríamos lo que somos sin ti
Porque te encanta espantar a las palomas
Porque al sonreír se te marca en la cara sólo un hoyuelo
Porque aún eres capaz de sonrojarte (y de qué manera!) y de leer cuentos (e incluso de escribirlos)
Porque siempre me copias los paréntesis ;)
Porque no conozco a ninguna chica más alta que tú
Porque mientes tan bien que se te nota en las mejillas
Porque eres capaz de hacer reír mientras lloramos
Porque harías cualquier cosa por un amigo
Porque tienes el corazón tan grande que, incluso cerrado por derribo, siempre está abierto para acoger a un viajero imprevisto
Porque eres la más valiente en tiempos de cobardías
Porque nunca se te ha olvidado volar y has sido la plataforma desde la que algunos hemos conseguido hacerlo
Porque no lloraste con Titanic para empapar las manos con “Bloody Sunday”
Porque eres generosa, sin contrapartidas
Porque eres la mejor persona que conozco
Porque he perdido la cuenta de todas las cosas que debo agradecerte
Porque sigues siendo una niña
Porque apenas he tenido que pensar mucho para escribir todo esto
Porque al fin y al cabo te lo mereces.



Natxo Lauzurika
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Foto: Sherezade
Sonando: "No estarás sola" de Ismael Serrano

Hoy me das igual


Hoy me das igual, me he cansado de escribir con piel tu nombre en las aceras mientras construyo una valla repleta de velas para intentar que no te falte la luz. Supongo que me he cansado de equivocarme sin darme cuenta, de rellenar de asfalto los caminos para hacerlos más transitables, calentando el agua para que no se te corte la digestión. Así que hoy me he escrito en las papilas gustativas la indiferencia a golpe de rayos de sol, he dejado el móvil en casa, la puerta cerrada y la maleta de derrotas bajo la cama, me he tomado una cerveza brindando por todos esos errores que he cometido a lo largo de mi vida por intentar hacer las cosas de la mejor manera posible y he mudado la piel mientras se derretían los relojes. Para finalizar, he terminado por vaciarme saltando desde todas las alturas para apagar mi vértigo.
Voy a empezar a reconstruir mi vida sin subirme en las aceras, cediendo el paso pero sin rendir pleitesía a los exámenes suspensos. Aunque ya no nos quede septiembre, aunque esta fuese nuestra última convocatoria y no podamos recurrir al decano. A quienes puedo recurrir lo sé desde que me dejaron las huellas dactilares y los cafés de media tarde colgando de los zaguanes de mi puerta, antes sellada, y con ellos edificaré un mañana del que hoy no me quiero sentir culpable. Porque seguir adelante debería ser una obligación, no un privilegio.
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Sonando: “Mi matadero clandestino” de Los Piratas

A Pamplona hemos de ir...

















Este año, Natxo, no vas a poder estar y sé que es jodido porque para ti San Fermines no es una fiesta más. Porque te encantan y significan un montón de cosas, porque ese pañuelo rojo, el que te regalaron hace tanto y que ha vivido un montón de fiestas contigo, se convierte en baúl de recuerdos y a veces paño de lágrimas.

Hoy ha sido el chupinazo y, aunque no estuvieras, en esta plaza también has estado tú.

P.D. Me debes unos San Fermines, eh? :)

La agonía del tiempo


Te escribo a ti porque aquí echo de menos tu red en noches sin sol. Aunque esta no es tu canción favorita de Celtas, un día la desmigaste sobre la cama como hoy he hecho yo mismo. Porque Niña, Sherezade para algunos, esta madrugada necesito de tu voz, de tu amistad inexpugnable, necesito que me recuerdes que ya no la quiero...

LA SENDA DEL TIEMPO
A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente
pero con ganas de morir
paseando por las calles
todo tiene igual color
siento que algo hecho en falta
no se si será el amor
Me despierto por la noche
entre una gran confusión
es tal la melancolía
que está acabando conmigo
siento que me vuelvo loco
y me sumerjo en el alcohol
las estrellas por la noche
han perdido su esplendor
He buscado en los desiertos
de la tierra del dolor
y no he hallado mas respuesta
que espejismos de ilusión
he hablado con las montañas
de la desesperación
y su respuesta era solo
el eco sordo de mi voz
A veces llega un momento en que
te haces viejo de repente
sin arrugas en la frente
pero con ganas de morir
paseando por las calles
todo tiene igual color
siento que algo hecho en falta
no se si será el amor

Sonando: "La senda del tiempo" de Celtas Cortos
Foto: Sherezade

Equivocaciones espacio-tiempo


Y de pronto se fue de las manos no la he vuelto a ver…
La querías tanto que el día que desapareció se te apagaron todas las reacciones. Lo único que dejó activo su marcha fue tu capacidad de llorar hasta que se te mojaran los tobillos y eso fue lo que hiciste durante días. Sabiendo que suplicarías sólo por un titubeo en su voz, una grieta en su muro defensivo. Sin entender que pintaba la época de sequías a estas alturas del año, buscando meteorólogos que certificasen que aún existía una posibilidad, que tus inundaciones no caerían en manos vacías.
De repente un día te diste cuenta que ella esta vez había usado la palabra adiós, descubriste su resguardo sin billete de vuelta y se te hicieron añicos las compuertas, se multiplicaron los coladeros mientras tragabas saliva para no quedarte sediento. Ya no está, ya no está, ya no está, te gritaban las calles donde la quisiste a tiempo completo. Sin descanso para el cigarrito.
Ahora te engañas en las madrugadas creyendo que compusiste la argamasa adecuada para contener la marea que no has tenido que soportar en tus pupilas. Es la forma más sencilla cuando eludes tu pasado, no volverlo a pisar… Y besas otras manos y tocas otros cuerpos, convencido de que las telarañas han hecho lo que les corresponde. Que lo que escuece en tu estómago cuando la imaginas es sólo la mala digestión del alcohol de anoche, estará como siempre en alguna frontera… cuando la ves tomando otros puertos, con la misma maleta de siempre, colgando destinos en la sonrisa que nunca quisiste dejar de besar. Cuando sabes, porque lo sabes, que podrá deshojar cuerpos sólo con un guiño recordando los cuerpos, olvidando los nombres… y cuando el tizón se acerca demasiado a los puntos vitales, concluyes las máquinas e inundas pensando que así limpiarás el pasado. Y sólo te darás cuenta de que te equivocas cuando sea demasiado tarde.

Estarán intentando sacarme de quicio
las miradas al sur
los recuerdos de entonces
Estaré consiguiendo
sentirme yo mismo
en las pieles de otros
en la boca de todos…

Sonando: “Se nos iba la vida” de Quique González
Foto: Sherezade

Cuentos de colores


Allí estábamos tú y yo, llevábamos meses sin decirnos nada, creando historias de papel maché los días de tormenta, contándonos cuentos bajito, a la altura del corazón, sin saber muy bien de quien hablábamos. O sabiéndolo demasiado bien. Como el de aquella bailarina que no aprendió a bailar hasta que lo hizo descalza sobre los cristales hechos añicos de sus zapatitos de cristal. O aquél otro del viejo sordo que contaba las olas impares cada martes. Aunque mi favorito siempre fue el de la niña que coleccionaba cáscaras de nuez en la bañera de su casa. Porque nunca se atrevió a subir a una de ellas y decirle al viento que estaba dispuesta a hundirse pero no a dejarse arrastrar por los sumideros. Porque cuando me lo contabas me parecía que me leías sin mirarme entrelíneas. Y porque sin atreverme yo a hacer lo mismo, siempre esperé que me sumergieras hasta el fondo de aquella bañera.
Y allí estábamos tú y yo, tejiendo hilos con palabras sin averiguarnos las manos que las dictaban, saltando la rayuela y haciéndonos trampas a nosotros mismos en un intento de evitarnos los ojos. Porque a mi me mareaba tanto negro y tú nunca llevaste bien que no te aguantase la mirada. Con demasiados años en los párpados como para cerrarlos y empezar de nuevo, pero se nos acabaron los acentos y sin darnos cuenta empezamos a escribir postdatas detrás de las rodillas, a salvo de cualquier ventisca. Hasta que un día me cogiste de la mano y, con caricias, fuiste ensayando el final del cuento hasta que nos lo supimos de memoria, cuando ya sabíamos deletrearlos con una mano rompiste todas las letras y me pusiste un pincel en las manos. Fue el negro de tus ojos quien me dijo:
- Píntame de todos los colores.

(Des)encuentros


Ahora recuerdo donde dejé todos mis besos...
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peor que el olvido fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver
Me sobran motivos
pero me faltas tú sobre la cama
y ahora las calles están llenas de bandidos
cuando necesito de tu madrugada
(...) Peor que el olvido fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver
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Sonando: "De haberlo sabido" de Quique González
La idea de esta entrada me la dio Sherezade (quien sino?)
La foto es de Endika G.G

Creer


¿Qué es lo que quieres? ¿Que me pierda en el plomo de tus ojos y reniegue de todo aquello en lo que creí una vez? Sabes que esta noche podría cerrar las compuertas pero mañana sería lo mismo y he visto ya demasiados amaneceres iguales. Ya no creo en nada pero tengo los dedos empapados en cera y la frente húmeda de causas en las que quiero creer. En las que necesito creer. Si ahora te beso, aunque me muera de ganas, tendré que asumir las sepulturas abiertas de todo aquello sobre lo que construí mañanas inventados para poder seguir adelante. Caerán las pocas ruinas en las que sostengo las maletas para salir corriendo, por si calas más de la cuenta. Si ahora me rindo, si ahora te beso, mis principios se avasallarán de finales.
Porque si te beso ahora, ya no creería ni siquiera en mi.
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Sonando: "Últimamente" de Ismael Serrano

Equilibrio prohibido


No puedes acercarme tu cuerpo a menos de mil yardas sino quieres que taladre todos los agujeros negros en busca de tu ropa interior, y lo sabes, y lo sabes pero aquí estás. Y suspendes tu tacto en la silueta de mi piel subiéndome todas las escaleras con un balanceo de caderas, me recuerdas a un pica-hielos haciéndome añicos los huesos. Los oigo crujir, quebrándose, cuando me hundo en tu ombligo y mudo mi tacto a tu cintura. En ese preciso instante en el que tengo tan claro que nunca serás cercana por mucho que te beba sorbo a sorbo, que tu barrera no caerá por mi, que ni siquiera lo hará conmigo, acompañándome en el vértigo.
Percibo los grilletes mientras nos besamos, las celdas cerrándose entorno a los recuerdos repetidos e intento aislar la fría convicción de saber, que si abro los ojos, no estarás.
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Sonando: "El equilibrio es imposible" de Los Piratas
Foto: Sherezade

Lo verdaderamente importante


A medio pulmón

A medio pulmón, hay cosas que te debo
Alguna canción, un corte de pelo,
un baño de espuma y echarte más de menos.
Si vuelvo a nacer, te busco sin duda
Detrás de la luna, del amanecer dónde te desnudas
Donde tengo las de perder.
Me quedaron cien, cositas en el tintero
Sobraba papel, camita de versos, mirada de duda
Pronóstico de cáncer en el cenicero.
Y tú te diste cuenta sin mirar atrás
Que todas mis arterias precisan de aire
Que todas las neuronas que vienen del mar
Gustosamente me conceden su baile
Otra vez el significado ha sido equivocado.
Las cosas que nunca te dije
Son las camareras que aliñan la receta de la madrugada
Las cosas que nunca te dije
Que tu buscabas en mis bolsillos y no había nada
Por lo que enfermo y lo que curo
por lo fumo, por lo que encarta
Las cosas que nunca te dije
tienen la culpa que entre mi ropa
siempre haya bragas
Que siempre voy a ras de cielo
y me acuesto en el techo de la mañana
Las cosas que nunca te dije
Que a fin de cuentas
son por las cosas porqué te fuiste
Por las cosas que nunca te dije.
A medio pulmón, hoy duermo en el suelo
La televisión un cuento de nada, se me escapa el tiempo
yo sigo tejiendo mi tela de araña
Y ya no habrá más "donde estas que no te veo"
ni muertos de miedo
ni estatuas de sal, ni güisky sin hielo
ni gotas de leche que lleguen al techo.
Tú querías oir cosas que nunca te dije
ni pienso decir están de otra forma en cada silencio
en cada muerte que sustento por ti.
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Que las cosas que nunca dijimos no se mueran cosidas a los labios cerrados.
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Sonando: "A medio pulmón" de Carlos Chaouen
Foto: Sherezade

La soledad ¿está sola?


La soledad no está tan sola, ¿no ves que a mi no me abandona?

Claro que te echo de menos, por eso se me cosen las costuras de las sábanas a los vacíos intermitentes que ya no deja tu aliento en mi pecho. Y duele, claro que duele, por eso evito los rayos de sol asesinos que me muestran esos rincones que ya no te guardo para que los vayas habitando poco a poco. Ahora son lugares muertos, se gangrenan y me corroen los baldosines, convirtiéndolos en estériles, incapaces de derramar lágrimas de consuelo. Y acabo siempre bajo el mismo peso, intentando conciliar un sueño repleto de pesadillas con la vana esperanza de despertar y verte a mi lado como entonces.

Natxo sin paréntesis

Perdido en el camino entre el amor y el odio, tan cerca del cielo como del demonio

Claro que te echo de menos porque ya no sé dormir sin tus manos de alabastro enfriándome las muñecas, replegándose en los vacíos de mi médula, porque no soy capaz de odiarlas ni aunque las recomponga segando otros cuerpos más allá de mi piel. Así que cada noche descompongo mis opciones rebuscando tu rastro en el suelo inerme en el que siempre termino pudriéndome, helada y vacía. Siguiendo el rastro de mis lágrimas en un vano intento de encontrar, como si se tratase de baldosas amarillas, el camino de vuelta a ti, el camino de vuelta a casa.

Sherezade
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Sonando: "Si el cielo está gris" de Extrechinato y tú
Foto: Sherezade

Hoy (o corazón de mimbre)


Hoy por primera vez en 24 años he llegado con tiempo a una estación de autobuses. Esa en la que durante cuatro años me dejé los sueños en viajes infinitos, de Salamanca a cualquier espina dorsal. He tenido diez minutos para repasar, escombro a escombro, cada derrumbe sentido en esas dársenas, al borde de la ciudad amarilla, para acrecentar el nudo gordiano que me apresa la garganta y que no sé como deshacer ahora que he dejado de lado todos los cuchillos.
Y hoy por primera vez en mi vida escupo mi debilidad reconociendo mi estancia en las cunetas y pido luz a los faros que siempre se han mantenido brillando cerca. Hoy, despierto con un adiós infectándoseme en las costillas, con el sabor a sangre y cervezas aún en la boca y con las gafas de sol cosidas a las retinas en este día nublado. Hoy cuando se me guillotinan los sueños entre las manos admito que no soy tan fuerte, que esta vez mi propia flecha ha acertado en carne viva y ni aún abriéndome las venas conseguiré que sangre.
Hoy no me doy por vencida porque le debo a muchas manos el seguir de pie, pero he decidido vencer mi vértigo sólo para poder acercarme al borde del precipicio sabiendo (porque lo llevo escrito en los nudillos) que no sé volar. Ni lo pretendo.
Y hoy, cuando aparecen los primeros molinos en el horizonte no me quedan dedos para secarme las lágrimas, yo que siempre supe blindarme tan bien que parecía tener el corazón de hielo. Hoy vendería cada gota de la sangre que ya no sé derramar para que aquello no fuese sólo una imagen difusa en los espejos.

“Y le hizo un trato al colchón
con su espuma se forró el corazón
anoche era de piedra
al alba era de mimbre
que se dobla antes que partirse…”

Sonando: “Corazón de mimbre” de Marea

La quiere en silencio


La quiere en silencio y es así como la ha querido siempre, incluso cuando estaban juntos. Entonces se guardaba los besos en un bolsillo y los iba dejando caer en un estúpido intento de ponerla a prueba. Necesitaba que ella siguiera el camino mientras se llenaba los mofletes y sonreía. Sin darse cuenta, se perdió en ese afán perpetuo por hacerla sonreír y acabó congelando el incendio de tanto miedo que tenía a perderla. Ella le regaló un imperdible y le confesó que adoraba las espirales en un intento de sonreír de corrido en todas las alamedas. Pero terminaron por adentrarse en el invierno y ella cometió el pecado de sobrevivir. Así que él llenó los cubos con los recuerdos que nunca se ponía y se fue al norte, se vistió con esos pantalones que tenían un agujero en el bolsillo izquierdo (¿cual si no?) pero ella no percibió las huellas dactilares de los ruegos aéreos. Y no hubo gritos urgentes ni pañuelos de despedida. Sólo el silencio de él (gritando: pídeme que me quede) y las lágrimas por dentro de ella (gritando: quédate). Luego cartas vacías, kilómetros y aún más silencios.
Ahora se cruzan cada poco pero nunca han vuelto a encontrarse, una noche llegaron a rozarse la piel tan de cerca que se disolvieron el uno entre las piernas del otro y se atragantaron de beberse los besos tan deprisa. Él, que había olvidado el tacto de sus lunares le contó las vértebras con un cuento. A veces aún hunde las manos en cenizas y recuerda los besos que perdió desde entonces.
Hay noches en las que puedo oírle llamarla a gritos en sueños. O en las pesadillas que le dictan que se le acabaron las oportunidades.
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Sólo esperando que algún día llegue a tiempo
sólo esperando que vuelvas a mi recuerdo
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Sonando: "Siempre tarde" de Celtas Cortos
La foto es de Sherezade


Para Sherezade, porque sí.

Todos dicen que estoy enamorado de ti. Llevo meses escuchando los susurros que se levantan tras un comentario a tus textos, tras una mirada prendida en tus pestañas, tras una mano tendida. Porque siempre encuentro tus manos (aunque tú las odies) al final de todos los pasillos que se levantan en curvas demasiado cerradas, porque siempre es tu voz la que me miela los sudores fríos de todos los escalones que (son tus palabras) me ayudas a escalar. Y en las escalas siempre termino buscando tu dedos enlazados en red para terminar provocando los rumores presos del café en nuestra ausencia.
Todos dicen que estoy enamorado de ti. Y podría estarlo Niña, porque me enjaulan tus miradas de soslayo, que construyes tejiendo líneas infinitamente verdes como las náyades que te contaba hace tanto. Aquél tiempo en el que me daban miedo tus palabras tan cuerdas que siempre me amarraban en los argumentos más racionales, cuando tu sentido común me sorprendía de tan sentido y tan poco común. Será porque eres poco común, porque coleccionas matasellos en las clavículas de tres continentes y siempre guardas en los bolsillos anécdotas de países con muy distintas luces. Puede que fuera eso lo que te imprimiese la tolerancia necesaria para tener amigos en todos los bandos, sin juzgar, pero dejando claros tus principios, esos que te tatuaste en la piel y que te hacen ser una persona excepcional, a la que he visto hacer cosas por los demás que no haría ni por ella misma. Porque en tu diccionario de conceptos básicos no aparece el yo, solamente un puñado de nosotros que hace que todo aquél que te ronde cerca se sienta pronto en casa. Nunca hubo un nombre tan bien puesto como el que te impusimos hace ya muchos años, ese Niña que sustituye, en nuestros labios, todos los adjetivos que nos engendra esa forma tan tuya de afrontar el mundo.
Podría estar enamorado de ti Niña porque, como me dijo uno de esos que opina que sí te guardo bajo la almohada, eres tan guapa que da miedo. Aunque a mi me da más miedo que te des tan poca cuenta de ello. Que no sepas que vales mucho más que el cuadrado de la longitud de tus piernas infinitas. Aún más. Me da miedo que llores, me da miedo que con tus batallas a la espalda, aún seas capaz de alzar la voz para contarnos un cuento. Y creer en ellos. Me da miedo que seas capaz aún de ofrecer en bandeja, dúplex entre tus ventrículos.
Y supongo que este pavor es porque, por todo esto, podría estar enamorado de ti. Pero no lo estoy. Aunque a ratos me da miedo no estarlo.
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Sonando: "No estarás sola" de Ismael Serrano
Foto: Sherezade en su más tierna infancia ;)

Bisuteria barata


Puedo ver tus manos recorriéndole la espalda y asiéndote a sus brazos como si fueran el último sorbo de vida. Trago, no sé si el hielo o el último sorbo de la mandrágora que cultivo sólo para ti. Me dan arcadas. El vómito me cosquillea la traquea como él pelliza tu piel por debajo de la camiseta y sé que si cierro los ojos caeré de la silla con el peso de vuestros cuerpos engarzados como bisutería barata. No consigo entender que hago aquí, con la mirada vacía porque ya no sé llorarte más, tragándome a espuertas el cemento que funde vuestros cuerpos a unos metros de mi vacío.
¿Qué es lo que hay que hacer para olvidarte?
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Sonando: "Cadillac solitario" de Loquillo y los trogloditas
Foto: Sherezade

Cerrojos


Algunos momentos quiero arrancarme las uñas y bañar en sangre la desesperación que me clava puñales oxidados en las vértebras, reventar el pequeño mundo en el que me muevo rompiendo todos los espejos en siete, a ver si hay suerte. Momentos en los que me chirría la vida como un tren repleto de frenos, derrapando en pizarras llenas de raíces cuadradas sin calculadora. Y quiero estallar cristales contra las farolas para no descubrir, una vez tras otra, que ya no me barre los pies mi sombra sino una mancha, densa, que me anuda los tobillos al alquitrán seco de tus ojos desiertos.
En vez de eso, sigo sentada con un vaso mediado mirando mis piernas cerradas, tu ventana sellada.

Sonando: “Corazón de tango” de Doctor Deseo

Sangrando


Sus uñas pintadas de sangre me revuelven el pelo sin encarnarse, sembrando con los dedos surcos que van desde la nuca a las sienes, pasando suavemente por detrás de las orejas calentadas a base de sentir su aliento, cálido, en el lateral de mi cuello. Acariciándome el corazón como si no quisiera, como sin mirar. Puedo oír su respiración e intuir el roce de sus labios en los lóbulos, sus senos rozando mi espalda y los escalofríos recorriéndome la columna cuando sus uñas arañan la carne y su aliento, finalmente, se recoge en la encrucijada naciente de mis hombros. Sé que me costará aún más noches en peligro de demolición, que me agarrará las entrañas con esos dedos largos y finos y ya no podré soltarme, pero me giro para beber su boca y hacer heridas, diente con piel en el cuello desierto, en el pecho, ahora despojado, recorriendo caminos concéntricos en sus pezones mientras la sangre de sus dedos escribe jeroglíficos imposibles en mi espalda. Noto su peso sobre mis caderas, sus piernas envolviéndome la cintura con la columna arqueada, vencida a mis manos, a mi boca. Desaparece mi camiseta, sus pantalones y los míos, mi ropa interior, y la suya, se desliza por sus muslos como agua derramada entre sus piernas de canela.
Sentada, ahora sobre la mesa, me ciñe entre sus piernas mientras mi mano derecha se pierde buscando manantiales en los que beber cuando la luz se pierda y la izquierda cuenta los pasos de los senderos más insondables. Beso la arenosidad interna de sus muslos, de su ombligo de melocotón en las cuencas desiertas de mis nudillos, cuando descubro el tacto de sus dedos, esos dedos, bajo mi vientre, éstos empiezan a provocar que mis uñas, inexpertas, no encuentren gritos en los que alojarse. Su tacto me lee en la piel marcándome a saliva sus propuestas, dejando estelas de escalofríos, de ganas, de ansia.
Es su mano la que me reúne en su cuerpo y las que se alojan, cruzadas, en mis hombros mientras nos agotamos en el roce rítmico de sus muslos en mi cintura, compitiendo con sus dientes en mis clavículas, con sus senos en mi pecho, con respiraciones ahogadas en voces que no llegan a susurrar palabras base.
Cuando sus uñas vuelven a pintarse de nuevo en la sangre coagulada de mis omoplatos, penetrando hasta diluirse en el riego directo a los puntos flacos, su novio realiza la primera llamada telefónica. Con la piel aún enrojecida, con mis veredas franqueadas tintándole el rostro, ella coge el teléfono y sonríe: “Todo bien por aquí cariño
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sonando: "En tu agujero" de Marea
La foto es de Sherezade

Urepel


Eres esa gota de aceite que me navega la sangre
sin fundirse, sin mancharla
sin dejar rastro de ti más allá de tu presencia
sin quedarte, al fin y al cabo

Benetan maite zaitut…

Eres la última gota del cóctel explosivo
(Ex) plosivo
sin mecha
y mi calor no bastó para que te quedaras
aunque estallases
más allá del estómago
Sherezade y Natxo sin paréntesis

Sonando: “Urepel” de Gatibu
Foto: Sherezade

Apuntaba maneras


Lo nuestro apuntaba maneras y ninguno lo supimos hasta que no rehicimos la cama y ordenamos los armarios. A ti te gustó que yo no vistiera nada que pudiese arrugarse y a mi que sonrieras con los ojos y hablases con las manos. Ese siempre fue mi punto débil.
Así que el contigo y el sin ti se convirtió en un péndulo que acelerábamos con vozka y retardábamos a la luz de domingos, porque los domingos nada es lo mismo que el lunes y olvidamos siempre las postales de sábado, inundadas perpetuamente por las cloacas.
En domingo, por no equivocarnos de nuevo, dejamos que el oxigeno escapase por las tuberías rojas en vez de insuflárnoslo boca a boca y a pesar del sístole y diástole, invariablemente proporcional a la distancia entre nuestros cuerpos, pusimos los crespones en las banderas, guardando el luto sabiendo que, a pesar de todo, no hay tierra suficiente para tapar el camino entre nuestras manos.

Sherezade

Lo nuestro apuntaba maneras a pesar del miedo que me daba escalar a tus ojos, mirarlos de cerca, beberlos sin aditivos, a pesar de que te mordieras las uñas hasta hacerte sangre. Subiendo, subiendo, nos descubrimos demasiado alto (lejos de las rodillas) para un salto sin paracaídas, precisamente para bajar sin prisas, me quedé agarrado de tu collar en el balanceo de tus senos mientras nos acunábamos los sábados (nunca más tarde de las doce). No queriendo mirar más allá, más acá (junto con la estantería de los trofeos oxidados de errores), un poco más acá, hasta injertarnos en piel y empañarnos el cielo de la boca, nos dejamos hacer con la única prohibición de no escribir un te quiero ni a base de arañazos.
Aún sin uñas, escarbamos parapetados bajo cuervos la fosa común (donde no vivimos para contarlo) aunque ni a cal viva nos borraremos de los huesos.

Natxo sin paréntesis

Sonando: "Dueña de mis resacas" de Forraje
La foto, como no podía ser de otra forma, es de Sherezade


Hoy vengo acompañado de ti niña y es esa la única razón por la que estoy aquí, disfrutando del colchón que me aportarán, una vez más, tus letras cubriendo mis desordenes en días como hoy, de lluvia ácida. Porque hay días que solo llueve, tú lo sabes bien, por eso mismo te mudaste al norte, aún más al norte, cada vez más, para no notar tanto las goteras. Por eso usas gafas de sol, para tapar la esperanza que tanto detestas, por eso tienes fotofobia, porque luz contra luz provoca ceguera. Un día pintaste tu habitación de azul y recogiste las humedades en latas de hojalata, procurando que el óxido te reconociese las uñas, escribiste (y escribimos) el una vez érase taladrándome los puntos flacos y terminaste por robarme los paréntesis entre los que siempre terminé por enmarcarte.
Ahora de tu mano pongo mis huidas en bandeja para el sírvase usted mismo. Regadas con la albahaca, el perejil y el orégano de tus ojos. Hoy empieza el verano, lo sé porque he visto tu sonrisa de salitre al salir del espejo.

La foto (de Chema Madoz), la canción y el gracias hecho de sopa de letras te los dejo debajo de la puerta.

sonando: "Salitre" de Quique González

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