Que la vida no es una película americana joder, que mañana no me levantaré y tendré una madre rubísima y sonriente esperándome en la cocina con los brazos abiertos para que le cuente lo desgraciada que soy. Y no me hará un sándwich con manteca de cacahuete ni me sentiré mejor con cuatro frases sacadas del manual del amigo perfecto (según las películas americanas). No, mañana volveré a levantarme sola en esta habitación cuya única vista es la pared roñosa de un patio de miserias. El lugar perfecto en el que tallarte en las muñecas (en ese punto exacto en el que posar el filo de la cuchilla) aquello de que hay gente peor que tú. Cuando oyes los gritos angustiados de esa mujer sin rostro, el llanto indefinido o el silencio pesado que se te cuelga de las amígdalas, acusador ante tu propio silencio. Tú no estás tan mal, claro que no, pero, ¿es eso algún tipo de consuelo?
En un mundo en el que el único duelo disponible es el de la muerte de tus familiares cercanos, una lágrima a primera hora de la mañana carece completamente de su valor. Porque sólo es una. Es demasiado triste que no admitamos posible un verdadero vacío sin gritos, sangre o muerte.

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Sonando: Poncho K: "Destrucción"

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