S/T


Existen veces en las que creo que todas las partículas de luz se han detenido de golpe. Luego las veo, mecanografiando soplos ficticios en los capilares que rozas, sin profundizar, porque si te dejase hacerlo acabarías por anegar las bodegas y el avión que siempre perdemos se iría a pique. Eso, el amanecer de fuegos artificiales (o fuegos fatuos según el ciclo de tus pupilas), sólo sucede con la triangulación adecuada de planetas: Brillo de ojos y sonrisa sin viento. Tu brillo de ojos y tu sonrisa sin viento. Para cuando quiero darme cuenta, he caído en tus bermudas y no sé sacarme tu espina del tuétano. Ni tu luz de las venas. Otra vez.
Me convierto en luciérnaga sin que lo sepas e intento construirme en piedra, al borde de tus quebrados, para que no encalles ni te rompas. Pero me retuerce los tímpanos el saber que dependo de la irradiación de tus manos mucho más que de la dureza del colchón (aquél en el que no duermes), más allá del roce desconocido de tus muslos (aquellos que no alcanzo). Porque ni he llegado a besarte en los mares de nubes en los que sueles mecerte (y en los que te imagino cada madrugada) pero en la oscuridad de tu vacío (la no presencia de tus labios en mi estómago) me devora el egoísmo de la desesperación vacía y me digo que llegará el día en que me inyectaré tu luz directamente a la femoral. Aunque así deje el mundo a oscuras.
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Foto: Shin
Sonando: El ruido del tráfico a las 5 sin ti

3 comentarios:

me encantan, foto y texto (esto siempre)

¿cómo va el final de septiembre para los ángulos efímeros?

va el abrazo

12:16 a. m.  

realmente crees q queda a oscuras?

abrazos ausientes desde el norte

8:38 p. m.  

Me encantó y eso que últimamente estoy algo desaboría.
De verdad.
Un abrazo Natxo.
Mamen

8:59 p. m.  

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