Cuestión de medidas


Quizás el problema esté en que siempre nos hemos mirado desde demasiado lejos, aunque no lo pareciese. Siempre fuiste capaz de deletrearme el futuro con sólo mirar las huellas de sueños no recordados bajo las uñas, ese era tu don. La palabra exacta para no dejarme caer. Quizás por eso me enamoré de ti, por tu forma de balancear las palabras, de acunarlas hasta que conseguías decir todo con un sencillo silencio. Puede que sólo fuese una reacción química al rastro de piel que dejas sólo con mirar unos segundos, intermitentes, como un semáforo que nunca llega a ponerse en rojo. Que sólo te pide que tengas precaución al dar los siguientes pasos. Que mires a los lados. Que observes por donde pisas. Que no olvides a dónde vas si no quieres que te arrolle el olor disperso de ti en las muñecas, ese que no consigo quitarme ni soñándote en otras bocas. Ni pidiéndote una y otra vez, en silencio, que vuelvas. Lástima que no supieses leer los silencios tan bien como sabías llenarlos.



Quizás el problema esté en que siempre nos hemos mirado desde demasiado cerca, aunque no lo pareciese. Te veía marcharte, tu mirada a lo lejos, tu piel a lo lejos, mis ganas de ti tan inmediatas que se me abrasaba la piel y era incapaz de no ver tu nombre en cada rastro de mi cuerpo. Quizás por eso me enamoré de ti, por tu forma de hacer que todo a tu lado pudiese llamarse hogar, sin la frialdad de las grandes mentiras colándose por las ventanas mal cerradas. Puede que sólo fuese una reacción química a tu saliva imprimiendo todas las probabilidades posibles e imposibles en la raíz de mi espalda, facilitando que todo creciese como debía. Que no llegase a retorcer las pesadillas. Que supiese besarte más allá de la silueta, extendiéndome para enraizar todo lo que me dejases en ese hueco oculto detrás de tu nuca. Allí donde guardas todo lo que alguna vez te ha hecho levantarte de la cama con una sonrisa. Allí donde sigue mi hogar aunque ya no estás. Lástima que ni una sola de todas las posibilidades incluyese mi nombre en los rastros de tu cuerpo.


Elena -sin h- y Natxo sin paréntesis

4 comentarios:

dios, este también está buenísimo

saludos

4:36 a. m.  

Quizás el problema esté en que siempre se han mirado desde la distancia justa, aunque no lo pareciese. Ni de lejos ni de cerca. Quizás lo que era cerca para ella era lejos para él. O viceversa. Ambos, el peso y el contrapeso. El equilibrio. Quizás por eso se enamoraron, por su fusión exacta, ajena al agravio comparativo de los largos y cortos días. Uno al borde, en el precipicio de su boca. El otro con la avidez de la caída libre que rozase sus labios. Puede que sólo fuese una reacción química, sus cuerpos prepadaros para una disolución perfecta. Reactivos que se miran de lejos, y de cerca, que al unirse se transforman, se mezclan de manera heterogénea. Lástima que en este tipo de mezclas los componentes se distingan a simple vista y puedan separarse fácilmente.



De JuAntonio -todo junto-

para

Elena -sin h- y Natxo sin paréntesis.

7:44 p. m.  

"Tengo los ojos verdes pero no soporto la esperanza, dicen que soy buena persona pero me gusta pensar que es sólo una tapadera que espera el momento adecuado para saltar. Como un geiser. Tengo 27 lunares en la espalda y odio mis pies. Algunas veces me muerdo las uñas y soy terriblemente friolera, tanto que a veces me paso días enteros tiritando. Colecciono momentos y no sería nada sin mis amigos. Me da miedo la oscuridad y adoro la soledad buscada. Me cuento cuentos cada mañana para intentar levantarme de la cama con una sonrisa, algunas veces da resultado..."
Muy buena tu presentación, yo también amo la soledad buscada. Saludos!

5:58 a. m.  

siempre me hizo gracia cuando Carmen la costurera me decía "usa siempre el mismo metro para cortar las faldas"... cómo podían dos metros medir los centimetros de manera diferente?...
cuestión de medidas

10:55 p. m.  

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